Si el montaje es el motor del sentido cinematográfico, el diseño narrativo es su arquitectura. Tu texto muestra que las narrativas del cine surgen de la manera en que el montaje organiza los acontecimientos según tres modos fundamentales: espacial, sucesivo y causal. Estos modos no son géneros; son estrategias estructurales, distintas formas de modelar el desarrollo de una historia. Cada uno exige una lógica específica de asociación y ofrece posibilidades creativas singulares.
La narrativa espacial se rige por cualidades y configuraciones más que por una progresión estricta de la trama. Aquí, el montaje construye un “mundo” a partir de paralelismos, analogías o espacios emblemáticos. Los acontecimientos no están necesariamente vinculados por causalidad o cronología; en su lugar, resuenan por semejanza, circularidad o por la fuerza simbólica del espacio. Este tipo de diseño invita al espectador a deambular entre posibilidades en vez de seguir una trayectoria fija. Es el territorio de las secuencias oníricas, las realidades fragmentadas y las narrativas moldeadas más por la atmósfera que por la trama.
La narrativa sucesiva se ajusta al flujo temporal. Los acontecimientos se despliegan según la lógica de la acción y la reacción, respetando el aquí y ahora de los personajes. Este diseño emula la manera en que el mundo parece avanzar en el tiempo, donde cada decisión impulsa la siguiente. Muchos filmes policiales, de misterio y thrillers dramáticos se apoyan en esta estructura, permitiendo que el espectador descubra la historia junto al protagonista. Su fuerza reside en el impulso narrativo: la sensación de que la historia progresa paso a paso mediante la acumulación de información.
La narrativa causal es la más compleja. En ella, una trama o intriga gobierna la manera en que los acontecimientos se enlazan. Los personajes existen no solo como agentes de acción, sino como funciones de la estructura lógica del relato. Los diseños causales permiten redes complejas de eventos interrelacionados, en las que las consecuencias de una acción reverberan a través de múltiples capas de la historia. Películas de tramas múltiples, estructuras minimalistas y relatos del viaje del héroe surgen de esta lógica, aunque con distintos énfasis y ritmos narrativos.
Lo que une estos modos es el montaje. La edición determina cómo se sitúa cada acontecimiento, cómo cada fragmento se relaciona con el siguiente y cómo el espectador percibe la coherencia. Incluso la trama más elaborada o el relato más minimalista dependen de las relaciones semióticas construidas mediante cortes, yuxtaposiciones y asociaciones. El diseño narrativo no es, por lo tanto, un plan abstracto: es una arquitectura vivida, producida por la experiencia de ver imágenes desplegarse en el tiempo.
Las posibilidades narrativas del cine son vastas, pero sus fundamentos residen en estos tres diseños. Al comprenderlos, vemos no solo cómo se cuentan las historias, sino cómo los cineastas construyen sentido a través de la danza entre imagen, sonido y secuencia.





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